Descubre por qué el sacrificio del Cordero de Dios no debe recordarse solo una semana, sino vivirse todos los días del año.
Semana Santa no es una costumbre ni un feriado más. Es el eco de una historia viva, de una verdad eterna que atraviesa el tiempo y el corazón de los hombres: el sacrificio del Cordero de Dios. Jesús, inocente y sin pecado, cargó con nuestras culpas y fue a la cruz voluntariamente, para que tú y yo tuviéramos vida y redención. El profeta Isaías, siglos antes, ya lo había profetizado con una precisión divina. Y hoy, más que nunca, ese sacrificio sigue siendo actual, real y necesario.
Recordar a Jesús una semana al año es como honrar la luz encendiendo una vela una sola noche. El llamado del cielo es diario: a vivir como Él, a caminar con Él, a rendirnos ante Él. «Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33). Semana Santa es un llamado a dejar la religiosidad y abrazar una relación viva, constante y transformadora con Jesús, el Cordero que quita el pecado del mundo.
El Cordero anunciado por Isaías
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5).
El capítulo 53 de Isaías es una radiografía espiritual de Cristo antes de su venida. Aunque no lo nombra directamente, lo describe como varón de dolores, despreciado, sin parecer ni hermosura, cargando con nuestras culpas. Jesús es ese Siervo sufriente que no abrió su boca, que fue llevado como cordero al matadero, inocente, pero dispuesto. Es la señal más clara de que su sacrificio fue planeado desde la eternidad.
El Cordero sin mancha
«Sabiendo que fuisteis rescatados… con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1:18-19).
Jesús no vino a cumplir un rol simbólico. Su vida fue impecable, sin mancha. El pecado no lo tocó, y por eso pudo pagar el precio que nadie más podía pagar. Fue un sacrificio perfecto, definitivo. Y cada vez que tomamos a la ligera su cruz, minimizamos el valor de esa sangre que nos limpia y nos redime.
El Cordero obediente hasta la muerte
«Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:8).
Cristo no fue obligado a ir a la cruz. Él eligió obedecer. La obediencia de Jesús es el modelo de entrega total. No buscó su voluntad, sino la del Padre. Su humillación fue nuestro rescate. Semana Santa no debe recordarse con tristeza, sino con gratitud, entendiendo que fue por amor que el Hijo del Hombre dio su vida.
El Cordero que quita el pecado del mundo
«He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29).
Juan el Bautista no lo llamó maestro ni profeta. Lo llamó Cordero. Porque su misión no era enseñar solamente, sino salvar. Jesús vino a redimir, a limpiar. Y sigue haciéndolo. Hoy, ese Cordero vive, intercede y transformará tu vida si le abres la puerta de tu corazón.
El Cordero entronizado en el cielo
«Y miré, y oí la voz de muchos ángeles… y decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría…» (Apocalipsis 5:11-12).
Jesús no está muerto. Vive y reina. El cielo no canta himnos fúmeros, sino cantos de victoria. El Cordero inmolado ahora es exaltado. Nuestra fe no está en un recuerdo, sino en un Rey vivo, vencedor, glorioso. Vivir cada día con esa conciencia cambia nuestra manera de caminar.
El Cordero que vuelve como León
«He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá…» (Apocalipsis 1:7).
La primera vez vino como cordero. La segunda vez, vendrá como León. Su regreso no será en silencio ni con clavos. Volverá con gloria, poder y justicia. Y por eso debemos vivir listos, con nuestras lámparas encendidas, haciendo lo que Él haría. Semana Santa no es el final de una historia, es el preludio del regreso del Rey.
El llamado diario del Cordero
«Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (Apocalipsis 3:20).
Jesús no quiere visitas una vez al año. Quiere habitación diaria. Su llamado no cesa. Su voz sigue tocando puertas. Vivir para Él es el verdadero culto. Seguir sus pasos, amar como Él, perdonar como Él, servir como Él. Eso es conmemorar su sacrificio.
Preguntas frecuentes:
¿Por qué se le llama a Jesús «Cordero de Dios»?
Porque fue el sacrificio perfecto, sin mancha, que voluntariamente dio su vida por los pecados del mundo, cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento.
¿El sacrificio de Jesús fue simbólico o real?
Fue absolutamente real. Jesús murió físicamente, cargando con nuestras culpas y ofreciendo su sangre como redención.
¿Jesús volverá otra vez?
Sí. La Biblia lo afirma repetidas veces. Su segunda venida será en gloria y poder, para juzgar al mundo y establecer su Reino.
¿Cómo puedo vivir una verdadera Semana Santa?
No limitándote a tradiciones externas, sino entregándole tu vida a Cristo, viviendo cada día en relación con Él y caminando según su ejemplo.
Conclusión:
Semana Santa no es un paréntesis espiritual. Es una señal para volver al camino, para recordar no con la mente sino con la vida. Es mirar al Cordero y decir: “Por ti, viviré”. Jesús nos amó primero, y su amor nos llama a dejar la superficialidad y sumergirnos en su gracia redentora.
Que esta Semana Santa no pase como una estación más, sino como el inicio de una vida transformada. No celebremos la cruz desde la distancia, sino con el compromiso diario de cargarla con fe, obediencia y amor.
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Oración final:
Señor Jesús, gracias por tu sacrificio perfecto. Gracias por cargar mis culpas y darme vida nueva. Te pido que entres en mi corazón, que me transformes, que me enseñes a vivir como tú. No quiero recordarte solo una semana al año, quiero caminar contigo cada día. Ayúdame a ser luz, a servir, a perdonar y a amar como tú lo hiciste. En tu nombre, Jesús, Amén.
Por: Salvador G. Nuñez
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