Hebreos 11 no es una galería de héroes para admirar, sino una carta para creyentes cansados. Junto con Hebreos 12, nos enseña qué es la fe que agrada a Dios y cómo correr la carrera sin desmayar.

Hay capítulos de la Biblia que todos hemos escuchado citar, y Hebreos 11 es uno de ellos. Casi todos recordamos su primer versículo, y muchos lo llaman «el capítulo de los héroes de la fe». Pero cuando uno lo estudia con calma, descubre algo que cambia la manera de leerlo: Hebreos 11 no se escribió para presumir de grandes personajes, sino para sostener a gente que estaba a punto de rendirse.

Eso me conmovió, porque yo conozco ese cansancio. Hay temporadas en las que uno ora y no ve respuesta, en las que las promesas parecen demorarse y la tentación es soltar el timón. Y es justamente a ese tipo de personas a las que el autor de Hebreos 11 les habla, mostrándoles que otros ya recorrieron el mismo camino y que Dios no les falló.

Este artículo es una invitación a recorrer Hebreos 11 y 12 como lo que realmente son: un sermón dirigido a creyentes que necesitaban perseverar. Veremos qué es la fe según la Escritura, cómo se ve en la vida real de hombres y mujeres imperfectos, qué pasó con los que no vieron el cumplimiento, y por qué todo termina con una mirada puesta en Jesús.

1. Hebreos 11 fue escrito para gente cansada

«No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.» — Hebreos 10:35-36

Antes de llegar a Hebreos 11 hay que mirar el capítulo anterior. La carta a los Hebreos no dice quién la escribió. La tradición la atribuyó a Pablo, pero ya en el siglo tercero Orígenes, un gran estudioso cristiano, comentó que las ideas parecían de Pablo, pero que la redacción parecía de otro, y concluyó: «quién escribió la epístola, solo Dios lo sabe». Lo que sí sabemos es a quiénes iba dirigida: a creyentes de trasfondo judío que habían sufrido mucho. El autor les recuerda: «traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos» (Hebreos 10:32).

Eran personas cansadas, y algunas pensaban volver a su vida anterior para evitar el sufrimiento. Por eso el autor los confronta con la grandeza de Cristo y luego les dice, con ternura de pastor: «el justo vivirá por fe» (Hebreos 10:38). Y a continuación comienza Hebreos 11, para mostrarles que la fe ha sostenido a los justos en todas las generaciones. Su argumento no es que la fe elimine el sufrimiento, sino que le da sentido y esperanza en medio de él.

2. Qué es la fe según Hebreos 11:1-3

«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» — Hebreos 11:1

Esta es quizás la definición de fe más famosa de la Biblia, y sus dos palabras principales en griego tienen más fuerza de la que parece. La palabra traducida «certeza» es hypóstasis, que significa algo que sostiene por debajo: un fundamento, una base firme, e incluso una garantía, como una escritura de propiedad. La palabra «convicción» es elenchos, que significa prueba o evidencia. Dicho de otro modo, la fe no es un sentimiento vago ni un optimismo religioso: es una base firme sobre la que se apoya la vida, y una convicción de que lo invisible es real.

Y fíjese cómo continúa el autor: «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (Hebreos 11:3). Si Dios habló y de la nada existió el universo, ¿cómo no va a poder cumplir lo que prometió? El apóstol Pablo lo dice así: Dios «llama las cosas que no son, como si fuesen» (Romanos 4:17). Por eso mismo, «por fe andamos, no por vista» (2 Corintios 5:7).

Y unos versículos después, el capítulo nos da la frase que lo resume todo: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11:6). Fíjese que dice dos cosas: creer que Dios existe y creer que Él recompensa a los que le buscan. No es solo creer en su existencia, es confiar en su carácter. La fe que agrada a Dios es la que se acerca a Él convencida de que no será defraudada.

3. Hebreos 11 muestra una fe imperfecta pero sincera

«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.» — Hebreos 11:8

Lo más hermoso de Hebreos 11 es que no presenta superhombres. Presenta personas reales, y cada una muestra una faceta distinta de la fe. Abel ofreció un sacrificio sincero. Enoc «caminó con Dios» (Génesis 5:24). Noé construyó un arca por una advertencia de cosas que aún no se veían. Abraham salió de su tierra sin saber a dónde iba, y llegó a vivir como extranjero esperando «la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:10).

Sara aparece en la lista, y uno recuerda que cuando le anunciaron que tendría un hijo, «se rió… entre sí» (Génesis 18:12). Pero Hebreos 11 la recuerda por otra cosa: «recibió fuerza para concebir… porque creyó que era fiel quien lo había prometido» (Hebreos 11:11). Su fe no fue perfecta, pero se apoyó en el carácter de Dios. Moisés, por su parte, rehusó los privilegios de Egipto, «escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado», y salió de Egipto «porque se sostuvo como viendo al Invisible» (Hebreos 11:25, 27). Y también aparece Rahab, una mujer de mala reputación: «Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes» (Hebreos 11:31).

Una ramera, una anciana que se rió, un fugitivo… En la lista de Hebreos 11 no hay perfectos, y eso es una buena noticia para usted y para mí. Hay personas que, a pesar de sus debilidades, pusieron su confianza en Dios. La fe que agrada a Dios no es perfecta en sus manifestaciones, pero es sincera.

4. Hebreos 11 también habla de los que no vieron el cumplimiento

«Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.» — Hebreos 11:39-40

Aquí viene la parte que casi siempre se pasa por alto. Después de los grandes triunfos (el mar Rojo, los muros de Jericó), el capítulo cambia de tono. Habla de otros que fueron atormentados, que sufrieron burlas, azotes, cárceles y desiertos, «de los cuales el mundo no era digno» (Hebreos 11:38). Y de todos ellos dice que no recibieron lo prometido.

Eso me parece de una honestidad enorme. Hebreos 11 no promete que si usted tiene fe, todo saldrá como lo planeó. Dice que hay personas de fe que murieron sin ver el cumplimiento, y que su fe no fue en vano, porque Dios tenía «alguna cosa mejor» preparada, y su plenitud se encuentra en Cristo. La fidelidad de Dios no depende de nuestras circunstancias. A veces el cumplimiento llega en esta vida, y a veces llega después, pero siempre llega.

5. Hebreos 12: corramos la carrera con los ojos puestos en Jesús

«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.» — Hebreos 12:1-2

Y ahora llega la gran conclusión de Hebreos 11. El capítulo 12 comienza con dos palabras decisivas: «Por tanto». Después de mostrar la fe de los antiguos, el autor nos invita a correr. Cada frase tiene una imagen:

Y fíjese en lo que sigue: Jesús «por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2). Él también corrió una carrera, la más dura de todas, con el gozo delante. Por eso el autor añade una advertencia llena de cariño: «Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar» (Hebreos 12:3). Y Pablo lo confirma con su propio ejemplo: «olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:13-14).

Reflexión final

Después de recorrer Hebreos 11 y Hebreos 12, me quedo con una convicción: la fe no es perfecta, es perseverante. Los héroes de Hebreos 11 tuvieron dudas, cometieron errores y algunos murieron sin ver lo prometido. Pero todos tuvieron algo en común: confiaron en un Dios fiel y siguieron caminando.

Quizás usted hoy está cansado. Quizás la promesa que lleva años esperando todavía no llega, o el pecado le estorba, o las fuerzas se le están acabando. La invitación del autor es la misma de hace veinte siglos: no se quede mirando sus fracasos, no se quede mirando su cansancio. Quítese lo que estorba y fije los ojos en Jesús, que no solo corrió antes que usted, sino que corre a su lado. Y recuerde que la prueba de su fe, como dice Santiago, «produce paciencia» (Santiago 1:3).

Hoy le invito a memorizar tres versículos de Hebreos 11 y 12: Hebreos 11:1, Hebreos 11:6 y Hebreos 12:1-2. Y a hacer una oración sencilla: «Señor, aumenta mi fe, enséñame a perseverar y ayúdame a mantener mis ojos puestos en Jesús». Porque la fe que agrada a Dios no es la que nunca flaquea, sino la que, aun cansada, sigue confiando en Aquel que la inicia y la completa.

Por: Salvador G. Nuñez

Citas bíblicas de este artículo (RVR1960)

Génesis 5:24 · Génesis 18:12 · Romanos 4:17 · 2 Corintios 5:7 · Filipenses 3:13-14 · Hebreos 10:32 · Hebreos 10:35-36 · Hebreos 10:38 · Hebreos 11:1 · Hebreos 11:3 · Hebreos 11:6 · Hebreos 11:8 · Hebreos 11:10 · Hebreos 11:11 · Hebreos 11:25 · Hebreos 11:27 · Hebreos 11:31 · Hebreos 11:38 · Hebreos 11:39-40 · Hebreos 12:1-3 · Santiago 1:3

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