Cuando la necedad divierte, solo el hombre inteligente endereza su andar hacia el propósito.

Hay una frase que leí esta mañana después de escuchar la Dosis Diaria y que no me ha soltado en todo el día: «La necedad divierte al falto de entendimiento, pero el hombre inteligente endereza su andar.» Proverbios 15:21 no grita ni condena a nadie; simplemente describe, con una precisión casi quirúrgica, dos maneras distintas de caminar por la vida. Una busca distracción. La otra busca dirección. Y entre esas dos opciones se decide el rumbo de años enteros.
La necedad casi nunca llega disfrazada de escándalo. Llega como entretenimiento, como una rutina cómoda que nos mantiene ocupados sin llevarnos a ninguna parte. El proverbio usa una palabra honesta: «divierte». La necedad tiene su placer, su risa fácil, su compañía ruidosa y su manera de hacer que el tiempo pase sin que duela. El problema no es que hiera de inmediato, sino que anestesia mientras el camino se tuerce.
Frente a ese panorama aparece el contraste: el hombre inteligente endereza su andar. El texto no dice que camine perfecto, ni que nunca se desvíe, ni que tenga todas las respuestas. Dice que endereza, que corrige, que vuelve a alinear el paso apenas nota que se torció. Enderezar es un verbo de movimiento y también de humildad. Es admitir que uno se salió de la ruta y hacer algo al respecto hoy, no mañana.
La necedad entretiene, pero nunca conduce a ningún lugar
«Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte.» — Proverbios 14:12
Lo más peligroso de la necedad es que se siente bien mientras dura. Nos ofrece compañía, distracción y una sensación de avance que en realidad es solo movimiento en círculos. El falto de entendimiento no es necesariamente alguien malo; muchas veces es alguien ocupado que nunca se detuvo a preguntar hacia dónde lo lleva lo que está haciendo. Por eso el hombre inteligente endereza su andar antes de que la costumbre decida por él.
El hombre inteligente endereza su andar con luz prestada
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.» — Salmo 119:105
Nadie endereza lo que no puede ver. Por eso la sabiduría empieza reconociendo que nuestra propia mirada es corta y necesita una luz que venga de afuera. La lámpara del salmo no alumbra todo el trayecto de una vez: alumbra el siguiente paso, y eso basta para caminar sin tropezar. El hombre inteligente endereza su andar porque se deja alumbrar, no porque presuma de tener el mapa completo en la mano.

Enderezar el andar es una decisión diaria, no un evento
«Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo.» — Efesios 5:15-16
Uno no endereza su vida una sola vez y queda resuelto para siempre. La corrección es un hábito, casi una disciplina doméstica: revisar el paso, ajustar la dirección, soltar lo que pesa de más. Pablo habla de mirar «con diligencia», es decir, con atención deliberada y sin prisa distraída. Ahí está la diferencia real entre el que se divierte con la necedad y el hombre inteligente que endereza su andar cada mañana.
Examinar la senda: el hábito del que endereza su andar
«Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos.» — Proverbios 4:26
Examinar la senda es detenerse a preguntar qué estoy alimentando, a quién estoy escuchando y hacia dónde me llevan mis hábitos actuales. No se trata de vivir en culpa ni de revisarlo todo con lupa amarga, sino de tener la valentía de mirar con honestidad. Quien examina, corrige; quien corrige, avanza. Así el hombre inteligente endereza su andar y convierte cada tropiezo en información útil, no en condena.

Reflexión final
Proverbios 15:21 no nos deja en el aire: nos pone frente a un espejo y nos permite elegir. Todos hemos tenido temporadas en las que la necedad nos divirtió y nos hizo perder tiempo que no vuelve. La buena noticia es que el texto no habla de un hombre perfecto, sino de un hombre que endereza. Enderezar no exige empezar de cero; exige corregir el ángulo desde donde estamos parados hoy. Quizá el paso siguiente sea una conversación pendiente, un hábito que hay que soltar o una decisión que llevamos meses posponiendo. Lo que se endereza a tiempo no se rompe, y lo que se corrige con humildad termina llevándonos exactamente a donde debíamos llegar. Que hoy sea el día en que usted decida enderezar el andar.
Por: Salvador G. Nuñez
