Un Mecenas: cuando una palabra puede convertirse en esperanza

Hay historias que podemos leer varias veces y, sin embargo, un día parecen hablarnos de una manera completamente diferente. Eso me ocurrió recientemente al volver a la página 34 de mi libro Luces de Esperanza — Edición Especial, donde se encuentra el devocional «Dos clases de calma — La paz que el mundo no puede dar», inspirado en las palabras de Jesús: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da» (Juan 14:27). Aquella lectura comenzó hablándome de paz, pero terminó sembrando una pregunta en mi corazón: ¿cómo podemos ayudar a llevar esa paz hasta quienes están atravesando una tormenta?
La historia cuenta que un mecenas convocó un concurso de pintura cuyo único tema era la paz. Llegaron cuadros de lagos tranquilos, campos silenciosos y hermosos atardeceres, pero el premio fue para una pintura completamente diferente: una cascada furiosa golpeando las rocas bajo un cielo de tormenta. Solo al acercarse podía descubrirse el detalle que explicaba la decisión: dentro de una grieta de la roca, muy cerca del estruendo del agua, un pequeño pájaro descansaba tranquilamente sobre su nido. La verdadera paz no era la ausencia de la tormenta, sino la capacidad de descansar en medio de ella.
Aquella imagen me hizo pensar en tantas personas que hoy escuchan el ruido de sus propias cascadas: una enfermedad, un diagnóstico inesperado, una pérdida, la soledad, la incertidumbre económica o el miedo al mañana. Quizás nosotros no podamos detener todas esas aguas, pero sí podemos ayudar a alguien a encontrar una grieta firme en la Roca. Y entonces una palabra adquirió para mí un significado diferente: Un Mecenas. Alguien que voluntariamente coloca parte de lo que Dios ha puesto en sus manos al servicio de una obra capaz de llevar esperanza a otros.
Un Mecenas: ¿qué significa realmente esta palabra?
Un mecenas es una persona que decide apoyar con sus recursos una obra, una causa o un proyecto cultural, educativo, social o espiritual para ayudar a que pueda desarrollarse y alcanzar a otras personas. El término proviene históricamente de Cayo Mecenas, conocido en la antigua Roma por proteger y apoyar a escritores y poetas; con el tiempo, su nombre terminó identificando a quienes impulsan una obra que consideran valiosa.
Pero cuando hablo de Un Mecenas de Luces de Esperanza pienso en algo todavía más profundo. No pienso simplemente en alguien que dona libros, sino en una persona que ayuda a colocar una semilla de esperanza en manos que probablemente nunca estrechará y en corazones cuyos nombres quizás nunca conocerá. Nosotros podemos entregar un libro; solamente Dios sabe hasta dónde puede llegar una palabra cuando encuentra a la persona correcta en el momento preciso.

Aires de Gracia: una obra sostenida por la misericordia de Dios
Hace casi cuatro años nació Aires de Gracia. Al comienzo hubo personas que extendieron su mano para ayudarme: dos amigos y un hermano de República Dominicana. Ellos saben quiénes son, yo nunca olvidaré lo que hicieron y Dios también conoce sus corazones. A ellos les expreso nuevamente mi gratitud, pero sobre todas las cosas doy gracias a Dios, porque fue Él quien puso aquellas personas en el camino cuando esta obra comenzaba a caminar.
Desde entonces he visto cómo Dios se ha encargado de sostener esta radio. Aires de Gracia permanece al aire los siete días de la semana, los 365 días del año, y actualmente puede escucharse a través de cuatro plataformas. Mantener una radio implica gastos, trabajo, tecnología y responsabilidades, pero durante estos años he aprendido algo: si Dios permitió que esta buena obra comenzara, debo confiar también en que Él sabe cómo sostenerla y llevarla hasta donde quiera llevarla.
Dar de corazón, nunca por obligación
Quiero dejar algo muy claro porque forma parte de mi convicción delante de Dios: en Aires de Gracia no pedimos diezmos ni utilizamos la Palabra para presionar económicamente a nadie. Me identifico sencillamente como creyente. Creo en Dios Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo. Respeto las denominaciones y a quienes enseñan fielmente las Escrituras, pero mi fe no depende de una etiqueta denominacional. Mi referencia debe ser la Palabra de Dios y no las doctrinas de los hombres cuando estas se apartan de ella.
Por eso insisto tanto en que cada persona lea la Biblia y examine lo que escucha, incluso cuando provenga de un púlpito. Pablo escribió: «Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal» (1 Tesalonicenses 5:21-22). Escuchar una enseñanza no significa renunciar al discernimiento; debemos regresar siempre a las Escrituras, estudiar su contexto y comprobar si aquello que se nos enseña realmente está allí.
En cuanto a dar, Pablo también dejó un principio extraordinariamente claro: «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9:7). Y añade: «Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene» (2 Corintios 8:12). He conocido personas y empresarios que voluntariamente destinan porcentajes muy importantes de sus ganancias a la obra de Dios. Para mí, lo fundamental no está en imponer una cantidad, sino en comprender que la verdadera generosidad nace de un corazón dispuesto, libre y alegre.
Un Mecenas de Luces de Esperanza: llevar el libro donde hace falta
Hace aproximadamente un mes terminé Luces de Esperanza — Edición Especial, un proyecto que ocupa un lugar muy especial en mi corazón. Está disponible en formato digital a través de Hotmart por apenas 7 dólares, y también en Amazon en versiones Kindle, tapa blanda y tapa dura. Quienes ya lo han adquirido me han hecho llegar palabras muy hermosas sobre lo que sus páginas han significado para ellos, y las recibo con gratitud, teniendo siempre presente que si una de estas páginas logra acercar un corazón a Dios, toda la honra y toda la gloria pertenecen a Él.
Ahora deseo dar un paso más. He comenzado a conversar con amigos que quieran convertirse voluntariamente en Un Mecenas de Luces de Esperanza, donando lotes de estos libros para llevarlos a hospitales y otros lugares donde existen personas enfrentando enfermedad, dolor, angustia, miedo o incertidumbre. No quiero que Luces de Esperanza permanezca solamente esperando a quien pueda comprarlo; quiero llevarlo también hasta quien quizás nunca habría tenido la posibilidad de encontrarlo.
Uno de los primeros lugares a los que deseo llevar ejemplares en español y en inglés es St. Jude Children’s Research Hospital, pensando en las familias que atraviesan la dura realidad del cáncer infantil, siempre respetando los procedimientos y políticas establecidos por la institución. Después quisiera continuar hacia otros hospitales y lugares dentro y fuera de Estados Unidos. No sé hasta dónde podrá llegar este proyecto, pero tampoco quiero colocarle a Dios los límites de mi propia imaginación.
Si al leer estas palabras sientes en tu corazón el deseo de convertirte en Un Mecenas, puedes comunicarte personalmente conmigo a través de AiresdeGracia.com, donde encontrarás el botón de WhatsApp que llega directamente a mi teléfono. Allí podré explicarte cómo participar y cómo hacer llegar los libros a su destino. No quiero que nadie lo haga por presión ni por compromiso conmigo: ora primero y, si Dios coloca en tu corazón hacerlo, entonces caminemos juntos.

Hay necesidades que los ojos no pueden ver
Sé perfectamente que nuestro mundo tiene enormes necesidades materiales. Hay personas que necesitan alimentos, medicamentos, ropa, vivienda y trabajo, y jamás debemos ser indiferentes ante esas realidades. Pero también existen necesidades que no siempre pueden verse: personas que tienen comida sobre la mesa y están vacías por dentro, que duermen en una buena cama pero no encuentran descanso, o que esperan un diagnóstico mientras silenciosamente se preguntan: «Dios, ¿dónde estás?»
Luces de Esperanza quiere acompañar también esos momentos. No pretende sustituir una medicina, un alimento o la ayuda que una persona pueda necesitar; quiere colocar cerca de ella una palabra que le recuerde que todavía puede levantar los ojos hacia Dios. Hay dolores que necesitan medicina para el cuerpo, pero también hay noches en las que el corazón necesita desesperadamente esperanza.
Un libro para toda la familia y para toda la vida
Luces de Esperanza — Edición Especial no fue concebido como un libro religioso reservado para determinada denominación. Está fundamentado en la Palabra de Dios y contiene 265 devocionales y 100 oraciones. Cada devocional comienza con una cita bíblica y continúa con un título, un subtítulo, una historia y una reflexión. Además, su índice permite buscar una lectura de acuerdo con aquello que cada persona esté viviendo: miedo, cansancio, pérdida, preocupación, necesidad de dirección, esperanza o confianza.
El propósito es sencillo: ayudar a crear el hábito de apartar unos minutos cada día para Dios. No necesitas comenzar necesariamente por la primera página ni disponer de una hora. Cinco o diez minutos pueden convertirse en ese encuentro diario que poco a poco transforma nuestra manera de comenzar el día. Antes de salir de casa, antes de enfrentarnos nuevamente al ruido de nuestra propia cascada, podemos detenernos, abrir la Palabra y recordar dónde está nuestra verdadera Roca.
Un Mecenas puede sembrar donde quizá nunca llegará personalmente
Tal vez Un Mecenas nunca conozca a la persona que recibió uno de esos libros. Quizás jamás vea su rostro, nunca escuche su historia y ni siquiera sepa cuál página abrió aquella noche. Pero puede haber ayudado a que una madre encontrara consuelo mientras esperaba noticias de su hijo, que una persona enferma recuperara esperanza o que alguien que llevaba años lejos de Dios volviera a hablar con Él. Hay semillas cuyo fruto nosotros nunca veremos, pero eso no significa que Dios no las esté haciendo crecer.
Por eso regreso a aquella cascada del comienzo. No podemos prometer que todas las tormentas desaparecerán, pero sí podemos ayudar a alguien a descubrir que existe una Roca donde descansar. Ese es el sueño detrás de este proyecto: que Un Mecenas pueda llevar una palabra de esperanza hasta alguien cuyo nombre probablemente nunca conocerá. Nosotros quizás nunca sepamos lo que ocurrió después; Dios sí. Y eso basta.
Reflexión final: primero Dios
Entre tantas preocupaciones, proyectos, responsabilidades y sueños, existe algo que jamás debemos colocar en segundo lugar: nuestra relación personal con Dios. Jesús dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33). Aparta unos minutos cada día, abre la Biblia, habla con Dios y coloca en sus manos aquello que ya no puedes controlar. No necesitas palabras perfectas; necesitas un corazón dispuesto. Antes del teléfono, antes de las noticias y antes de salir a enfrentar el mundo: primero Dios.
Jesús también dijo: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (Apocalipsis 3:20). Él está a la puerta, pero hay una decisión que nos corresponde a nosotros: abrirla. Quizás la cascada no deje de hacer ruido inmediatamente, pero cuando abrimos nuestro corazón a Cristo descubrimos que su paz no depende de que desaparezca la tormenta. Él sigue allí, esperando. Abre la puerta, pon a Dios primero y deja que sea Él quien te enseñe dónde construir el nido.
Salvador G. Núñez
Aires de Gracia — El viento que trae consigo la esperanza.
