«Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.»
La Hora Más Larga
A LA MAÑANA VENDRÁ LA ALEGRÍA
Una enfermera de turno nocturno solía advertir a los pacientes recién ingresados sobre algo que no aparecía en ningún informe médico: entre las tres y las cinco de la madrugada, el dolor parecería peor y los pensamientos, más oscuros. Les pedía que no tomaran ninguna decisión importante en esa franja.
Con los años comprobó que casi nadie le creía hasta vivirlo. Muchos pacientes tocaban el timbre de madrugada convencidos de que habían empeorado gravemente, y a las nueve de la mañana, con la misma medicación y el mismo diagnóstico, se disculpaban avergonzados. El cuerpo y la mente miden distinto según la hora.
El salmo no niega la noche ni promete que el llanto no exista. Dice que el llanto durará la noche, que es una duración real, y que la alegría vendrá a la mañana. Hay una economía del tiempo en la fe que conviene aprender: el dolor tiene fecha de caducidad y el favor de Dios no.
Si estás en la hora más larga, no tomes hoy decisiones definitivas sobre tu vida, tu fe o tu matrimonio. Lo que a las tres de la madrugada parece un veredicto, a las nueve suele ser una etapa. No te apures a concluir. Aguanta hasta que amanezca, porque las noches en la Escritura nunca son el capítulo final.
